El Museo del Foro de Caesaraugusta propone una cita que no se limita a ocupar una sala: la transforma en un lugar de fricción entre memoria y presente. Puticulum. Vertederos milenarios, de Alberto Monreal y Sara del Pilar, parte de los pudrideros de la Antigua Roma para pensar qué hacemos con lo que acumulamos, con lo que dejamos atrás y con todo aquello que, pese al paso del tiempo, sigue actuando sobre nosotros.
La pieza se articula como una performance inmersiva en la que dos cuerpos atraviesan una imagen escénica de gran escala, un triángulo colosal en el centro de una acción de cuatro horas. El público puede entrar y salir libremente, de modo que la experiencia no obliga a una mirada fija ni a una permanencia continua: permite detenerse, volver, observar desde otra distancia y dejar que la escena dialogue con cada visitante a su ritmo.
Pensada para mayores de 12 años, la propuesta encaja en Un domingo en el museo, la iniciativa municipal que abre los museos con actividades especiales y acceso libre. Aquí el interés no está solo en ver una acción contemporánea dentro de un espacio patrimonial, sino en comprobar cómo una idea tan antigua como el vertido, el resto o el residuo puede convertirse en materia artística y en pregunta compartida.
Una idea que nace del residuo
Monreal y del Pilar toman como punto de partida los puticulum o pudrideros, esos espacios destinados a los desechos en la Roma antigua, y los convierten en una reflexión sobre todo lo que se acumula con el tiempo. No hablan únicamente de materia: también de recuerdos, afectos, normas y creencias, de todo aquello que se deposita en la vida hasta formar una especie de archivo invisible.
Ahí está una de las claves de la pieza: no se trata de ilustrar un concepto histórico, sino de usarlo como detonante para una lectura contemporánea. ¿Qué permanece cuando creemos haber olvidado? ¿Qué pesa más, lo que conservamos o lo que descartamos? La performance se mueve en esa zona incómoda, donde el residuo deja de ser un resto menor para convertirse en una forma de conocimiento.
Cuerpos, tiempo y mirada
Durante cuatro horas, la escena se sostiene sobre dos cuerpos en movimiento y una composición visual muy marcada. La acción no busca el golpe de efecto inmediato, sino una percepción más lenta, casi de observación continua, en la que el tiempo forma parte de la obra tanto como el gesto o la imagen.
Esa duración cambia la relación con quien asiste. No hay una única manera de entrar en la propuesta ni una sola distancia desde la que verla. Al poder entrar y salir libremente, cada visitante compone su propia experiencia, decide cuánto permanece y qué fragmentos retiene. Esa apertura le da a la pieza una dimensión poco habitual, más cercana a la contemplación activa que al formato escénico cerrado.
Alberto Monreal y Sara del Pilar, dos trayectorias que se encuentran
La colaboración entre Alberto Monreal y Sara del Pilar tiene sentido precisamente porque ambos trabajan desde cruces muy fértiles entre cuerpo, investigación y creación. Monreal desarrolla su trabajo en el arte relacional y en las artes vivas, con experiencia en arte de acción, danza butoh, teatro social y facilitación de grupos. Su trayectoria también pasa por la docencia, la creación audiovisual y distintas formas de trabajo interdisciplinar, siempre con atención a la relación entre el gesto artístico y la colectividad.
Sara del Pilar, por su parte, ha orientado su recorrido hacia las artes escénicas, la performance y la gestión cultural, con una formación ligada a la conservación y restauración y a los estudios de museos. Esa combinación le permite pensar el espacio expositivo desde dentro, no solo como contenedor, sino como lugar donde patrimonio y creación contemporánea pueden convivir y producir nuevas narrativas.
Juntos firman una propuesta que no se queda en la cita con el pasado romano. Lo que hacen es abrir una conversación entre arqueología, escena y presente, y hacerlo desde un lenguaje corporal que no simplifica el museo ni convierte la performance en una mera anécdota dentro de la visita.
Un domingo en el museo, otra manera de entrar en los museos municipales
Puticulum. Vertederos milenarios forma parte de Un domingo en el museo, una iniciativa del Servicio de Cultura del Ayuntamiento de Zaragoza que abre los museos municipales con programación específica y acceso libre. La propuesta incluye los museos de la Ruta de Caesaraugusta y el Museo Pablo Gargallo, y convierte cada cita en una ocasión para mirar el patrimonio con otros ojos.
En un formato así, la performance encuentra un marco especialmente adecuado: el museo deja de ser solo un espacio de conservación y se vuelve también un lugar para probar formas de lectura más contemporáneas. La combinación de patrimonio y artes escénicas no funciona aquí como adorno, sino como una forma de activar preguntas que siguen vigentes. Y eso, en una obra que habla de restos, memoria y acumulación, tiene una lógica muy clara.