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Lo verosímil de lo maravilloso lleva el bosque fantástico al Torreón Fortea

3 de agosto de 2026 · Sebas Fernández

Lo verosímil de lo maravilloso lleva el bosque fantástico al Torreón Fortea
Presentación de la exposición Lo verosimil de lo maravilloso. Foto: Ayuntamiento Zaragoza

Hasta el 15 de agosto, el Torreón Fortea mantiene abierta Lo verosímil de lo maravilloso. Érase que se era, la exposición de Miguel Scheroff que convierte la visita en una entrada a un territorio donde la pintura dialoga con cuentos, fábulas y tradición oral. Reunida en Zaragoza, la muestra propone un recorrido por 27 obras y por una intervención creada expresamente para este espacio, pensada para que el visitante no solo mire, sino que se deje llevar por un relato visual con criaturas fantásticas, animales simbólicos y personajes híbridos.

Lo que plantea Scheroff aquí no es una mera galería de imágenes sugerentes. La exposición trabaja la frontera entre realidad y ficción con una claridad poco frecuente, y lo hace desde una pintura de gran intensidad cromática y matérica, en la que cada escena parece sostener una tensión entre lo reconocible y lo imposible. El resultado no busca escapar del presente, sino mirarlo de otra manera: desde los deseos, los miedos, la memoria y las contradicciones humanas.

Un título que ya abre una puerta

La fórmula «Érase que se era» coloca la muestra en un territorio muy concreto: el de los relatos que empiezan antes de que el tiempo importe y antes de que la lógica cierre todas las posibilidades. Ese arranque tradicional funciona como una clave de lectura para entrar en el trabajo de Scheroff, porque la exposición no se limita a ilustrar historias conocidas, sino que usa la tradición narrativa para construir una mirada contemporánea sobre lo fantástico.

En esa elección hay intención y también método. El artista toma referencias de cuentos maravillosos, bestiarios y fábulas, pero no las convierte en mero ornamento. Las traslada a un lenguaje pictórico propio, donde lo simbólico se impone a lo literal y donde cada figura parece cargar con una memoria más amplia que la de la escena inmediata. ¿Qué ocurre cuando lo fantástico deja de ser evasión y empieza a servir para interpretar el presente? Precisamente ahí se sitúa esta exposición.

La presencia de 27 obras permite que el discurso no se quede en una sola imagen impactante ni en una idea repetida. El conjunto ofrece un recorrido amplio por el imaginario creativo de Scheroff, con piezas procedentes en parte de colecciones de arte contemporáneo de referencia. Esa variedad ayuda a ver cómo el artista articula un universo coherente sin caer en la monotonía, apoyándose en cambios de escala, en la densidad de la materia y en una iconografía que nunca se agota en una sola lectura.

Pintura que hace visible lo imposible

La obra de Miguel Scheroff se distingue por una fuerza visual inmediata. Hay en sus cuadros una intensidad de color que no suaviza las formas, sino que las empuja hacia una presencia casi física. La materia pictórica tiene aquí un peso decisivo, porque no actúa solo como soporte, sino como parte del sentido de la obra. Las superficies, las capas y la construcción de la imagen contribuyen a que lo irreal adquiera una extraña verosimilitud.

Esa cualidad explica muy bien el título de la exposición. Lo maravilloso, en manos de Scheroff, no aparece como una fuga ingenua ni como un capricho decorativo. Se presenta con la suficiente consistencia como para interrogar la experiencia cotidiana. Los personajes híbridos, los animales simbólicos y las criaturas fantásticas no están para distraer la mirada, sino para afinarla. Desde ellos, el artista pone sobre la mesa cuestiones universales que siguen siendo incómodas y cercanas.

Por eso la exposición se lee también como una reflexión sobre la condición humana. Los deseos, los miedos y la memoria atraviesan las obras con una naturalidad que evita el subrayado. Scheroff no necesita explicar de manera directa lo que ocurre en cada escena; le basta con sugerirlo a través de imágenes que remiten a una tradición antigua y, al mismo tiempo, a un imaginario plenamente contemporáneo. Esa mezcla da al conjunto una densidad que recompensa una visita atenta.

Un bosque fantástico pensado para el espacio

Entre las piezas reunidas, la intervención site-specific ocupa un lugar central. Creada específicamente para el Torreón Fortea, esta instalación se inspira en los históricos tapices conservados en el Museo de La Seo de San Salvador y transforma el recorrido en un bosque fantástico que envuelve al visitante. La idea no es añadir un simple fondo escenográfico, sino dialogar con la arquitectura y convertir el espacio en parte activa de la narración.

Ese gesto cambia la forma de entrar en la exposición. La mirada deja de ser frontal y se vuelve envolvente, casi inmersiva, porque la instalación altera la percepción del lugar y hace que las obras no se lean como piezas aisladas. Cada paso suma una capa más al conjunto y refuerza la sensación de estar dentro de un relato que se despliega en varias direcciones. ¿No es ahí donde la pintura gana otra dimensión, cuando deja de ser solo imagen y pasa a ser ambiente?

El diálogo con los tapices históricos añade además una capa de interés. La tradición visual no aparece como cita decorativa, sino como una fuente de recursos para pensar el presente desde formas de representación que ya contenían narración, ornamento y simbolismo. Scheroff recupera esa energía y la lleva a un terreno en el que el espectador reconoce ecos del pasado sin perder de vista que está ante una obra contemporánea, pensada para activar la imaginación desde el ahora.

La visita guiada como una lectura compartida

La exposición no se queda en la contemplación individual. El programa de visitas guiadas abre la puerta a una lectura más cercana de las obras y de los procesos que las sostienen. En la Sala Fortea hay recorridos gratuitos para público general, para familias y también con el propio artista y su comisaria, Alejandra Rodríguez Cunchillos. Esa variedad de formatos hace que la muestra pueda leerse de maneras distintas según el interés de cada visitante.

La duración estimada de la visita es de una hora, un tiempo suficiente para entrar en las claves de la exposición sin convertir el recorrido en una experiencia apresurada. Además, el sistema de reserva nominativa ordena el acceso y permite organizar mejor las sesiones. Para quien busque una aproximación más directa al universo de Scheroff, este tipo de visita añade una capa de contexto muy útil, porque ayuda a entender cómo se articulan las referencias literarias, las imágenes y los procedimientos pictóricos.

También el enlace con la programación de La Noche en Blanco suma atractivo al conjunto. La visita especial Mitos y leyendas Scheroffianas, celebrada el 27 de junio, ya ofreció una forma distinta de acercarse a la muestra, poniendo el foco en los relatos y en las referencias que laten detrás de las obras. Aunque esa cita ya se ha celebrado, deja clara la voluntad del programa de ir más allá de la exhibición estática y de convertir la exposición en un espacio de lectura activa.

Un artista con recorrido dentro y fuera de España

El interés por Lo verosímil de lo maravilloso. Érase que se era también se sostiene en la trayectoria de Miguel Scheroff. Nacido en Jaén en 1988, el artista cuenta con una presencia consolidada en ferias y espacios de referencia como ARCO, Estampa, Art Madrid o UVNT, además de haber mostrado su trabajo en instituciones como La Casa Encendida, el CAC Málaga o el Centro del Carmen de Valencia. Su recorrido expositivo da cuenta de una práctica sólida, reconocida y en diálogo con los circuitos del arte contemporáneo.

A esa presencia se suman diversas colecciones y premios que han acompañado su desarrollo. Sin necesidad de convertir la biografía en protagonista, esos datos ayudan a situar la exposición dentro de una trayectoria que no nace de la improvisación. Scheroff trabaja con un lenguaje que ha ido afinando con el tiempo, y esa madurez se percibe en la seguridad con la que maneja la figuración, la materia y el símbolo.

También importa el papel de la comisaria, Alejandra Rodríguez Cunchillos, en la construcción del relato expositivo. La coordinación curatorial permite ordenar el conjunto sin neutralizar su potencia, algo decisivo en una propuesta que combina pintura, imaginario literario y una intervención espacial específica. El resultado es una exposición que no se agota en el impacto inicial, sino que gana profundidad cuanto más se recorre.

Por qué merece la pena acercarse ahora

Queda poco para que cierre el 15 de agosto, y eso sitúa la visita en un momento especialmente interesante. La exposición sigue en marcha y todavía ofrece margen para entrar en ese universo de bosques, criaturas y relatos que Scheroff ha construido para Zaragoza. La cercanía del cierre no reduce su interés; al contrario, lo concentra, porque permite ver de un vistazo una propuesta que ha sabido ocupar el espacio con personalidad propia.

En una programación cultural donde abundan las muestras que se consumen rápido, esta exposición pide otra actitud. Invita a mirar con más tiempo, a seguir las pistas que dejan las referencias a los cuentos, a las fábulas y a la tradición oral, y a dejar que la pintura haga su trabajo sin prisas. No hace falta buscar una clave única ni cerrar la lectura demasiado pronto. Basta con entrar en el juego de lo maravilloso y comprobar cómo, aquí, la fantasía sirve para pensar mejor la realidad.

En estos días finales de apertura, Lo verosímil de lo maravilloso. Érase que se era conserva intacta su capacidad para transformar la visita en una conversación entre imágenes y relatos. La propuesta de Scheroff funciona porque no disfraza el presente, lo ilumina desde otro lugar. Y ese cambio de perspectiva, en una sala de exposiciones, ya es bastante más raro de lo que parece.

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