Hasta el 15 de agosto, el Torreón Fortea mantiene abierta Lo verosímil de lo maravilloso. Érase que se era, la exposición de Miguel Scheroff que convierte la visita en una entrada a un territorio donde la pintura dialoga con cuentos, fábulas y tradición oral. Reunida en Zaragoza, la muestra propone un recorrido por 27 obras y por una intervención creada expresamente para este espacio, pensada para que el visitante no solo mire, sino que se deje llevar por un relato visual con criaturas fantásticas, animales simbólicos y personajes híbridos.
Lo que plantea Scheroff aquí no es una mera galería de imágenes sugerentes. La exposición trabaja la frontera entre realidad y ficción con una claridad poco frecuente, y lo hace desde una pintura de gran intensidad cromática y matérica, en la que cada escena parece sostener una tensión entre lo reconocible y lo imposible. El resultado no busca escapar del presente, sino mirarlo de otra manera: desde los deseos, los miedos, la memoria y las contradicciones humanas.
Un título que ya abre una puerta
La fórmula «Érase que se era» coloca la muestra en un territorio muy concreto: el de los relatos que empiezan antes de que el tiempo importe y antes de que la lógica cierre todas las posibilidades. Ese arranque tradicional funciona como una clave de lectura para entrar en el trabajo de Scheroff, porque la exposición no se limita a ilustrar historias conocidas, sino que usa la tradición narrativa para construir una mirada contemporánea sobre lo fantástico.
En esa elección hay intención y también método. El artista toma referencias de cuentos maravillosos, bestiarios y fábulas, pero no las convierte en mero ornamento. Las traslada a un lenguaje pictórico propio, donde lo simbólico se impone a lo literal y donde cada figura parece cargar con una memoria más amplia que la de la escena inmediata. ¿Qué ocurre cuando lo fantástico deja de ser evasión y empieza a servir para interpretar el presente? Precisamente ahí se sitúa esta exposición.
La presencia de 27 obras permite que el discurso no se quede en una sola imagen impactante ni en una idea repetida. El conjunto ofrece un recorrido amplio por el imaginario creativo de Scheroff, con piezas procedentes en parte de colecciones de arte contemporáneo de referencia. Esa variedad ayuda a ver cómo el artista articula un universo coherente sin caer en la monotonía, apoyándose en cambios de escala, en la densidad de la materia y en una iconografía que nunca se agota en una sola lectura.
Pintura que hace visible lo imposible
La obra de Miguel Scheroff se distingue por una fuerza visual inmediata. Hay en sus cuadros una intensidad de color que no suaviza las formas, sino que las empuja hacia una presencia casi física. La materia pictórica tiene aquí un peso decisivo, porque no actúa solo como soporte, sino como parte del sentido de la obra. Las superficies, las capas y la construcción de la imagen contribuyen a que lo irreal adquiera una extraña verosimilitud.
Esa cualidad explica muy bien el título de la exposición. Lo maravilloso, en manos de Scheroff, no aparece como una fuga ingenua ni como un capricho decorativo. Se presenta con la suficiente consistencia como para interrogar la experiencia cotidiana. Los personajes híbridos, los animales simbólicos y las criaturas fantásticas no están para distraer la mirada, sino para afinarla. Desde ellos, el artista pone sobre la mesa cuestiones universales que siguen siendo incómodas y cercanas.
Por eso la exposición se lee también como una reflexión sobre la condición humana. Los deseos, los miedos y la memoria atraviesan las obras con una naturalidad que evita el subrayado. Scheroff no necesita explicar de manera directa lo que ocurre en cada escena; le basta con sugerirlo a través de imágenes que remiten a una tradición antigua y, al mismo tiempo, a un imaginario plenamente contemporáneo. Esa mezcla da al conjunto una densidad que recompensa una visita atenta.