Aunque la agenda arrancó el 30 de agosto, Constructoras de Civismo sigue desplegándose en los barrios rurales de Zaragoza con una programación pensada para compartir cultura, conversación y espacio común. El ciclo se extiende hasta el 4 de octubre de 2026 y reúne 18 actividades gratuitas en diez enclaves distintos, con propuestas para todos los públicos y con un equilibrio muy claro entre teatro, circo, títeres, música, exposiciones y acciones comunitarias.
La idea que sostiene el programa es sencilla y ambiciosa a la vez: acercar las artes escénicas a los barrios rurales y hacerlo desde los valores de la convivencia, la solidaridad, el respeto y la cultura de paz. No se trata solo de llenar una tarde de ocio, sino de activar encuentros que conecten a vecinos de distintas edades y trayectorias. ¿Qué mejor forma de hablar de ciudadanía que reunir a varias generaciones alrededor de una función, una muestra o una exposición?
Un programa que nace del compromiso con la convivencia
Constructoras de Civismo se presenta como una iniciativa ligada al Día Internacional de la Paz, que se conmemora el 21 de septiembre, y también como una continuación de la trayectoria de Zaragoza como ciudad comprometida con la cultura de paz. La ciudad fue reconocida por la UNESCO en 1999 como «Sitio emblemático de la cultura de paz», una distinción que ayuda a entender el sentido de este ciclo: no es una programación aislada, sino una forma de poner la cultura al servicio de la participación y del aprendizaje compartido.
En esta edición, el Servicio de Centros Cívicos refuerza esa línea con una propuesta que recorre barrios rurales y centros cívicos de la capital provincial. El programa se apoya en una idea muy concreta: la cultura no solo entretiene, también construye vínculos. De ahí que muchas de las citas estén pensadas para el encuentro intergeneracional, para la mezcla de públicos y para una relación más cercana entre artistas y vecinos.
La programación combina lenguajes muy distintos, desde el teatro de pequeño formato hasta el circo contemporáneo, pasando por títeres, música en directo y exposiciones que permanecen abiertas varias semanas. Esa variedad no es un adorno, sino una manera de llegar a públicos distintos sin perder el hilo conductor: la convivencia como práctica cotidiana.
Las citas que quedan por delante en septiembre y octubre
Quien quiera seguir el recorrido del ciclo todavía tiene por delante varias fechas marcadas en el calendario. La primera de ellas es el 4 de septiembre, con Migrantes, de Títeres de la Tía Elena, en el Salón Parroquial de San Juan de Mozarrifar. Un día después, el 6 de septiembre, será el turno de TrasHumante(s), de Sweet Chilli Circus Company, en la Plaza de la Iglesia de San Gregorio. Son dos propuestas muy distintas, pero ambas apuntan a una misma dirección: contar historias desde la cercanía y abrir espacios de encuentro en pleno barrio.
A partir de ahí, septiembre concentra buena parte del programa. El día 8 arranca la exposición Dibujos por Sonrisas en el Centro Cívico La Cartuja Baja, donde permanecerá hasta el 6 de octubre. Ese mismo 8 de septiembre se representa Un día feliz, de Teatro Che y Moche, en el Pabellón Sociocultural de Movera. La función volverá a aparecer en más fechas de la agenda, convirtiéndose en uno de los ejes de este recorrido por los barrios rurales.
El 12 de septiembre la actividad se reparte entre dos espacios y dos lenguajes. Por un lado, Un día feliz se verá en el Pabellón Multiusos de Montañana. Por otro, el Centro Cívico Peñaflor acoge la exposición fotográfica Maribel Poc. Fiestas del 77, que permanecerá abierta hasta el 14 de octubre. Esa combinación de función y muestra permite que la programación no se limite al instante de la representación, sino que se prolongue durante días y favorezca visitas más pausadas.