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Constructoras de civismo lleva cultura y artes escénicas a los barrios rurales de Zaragoza hasta octubre

10 de agosto de 2026 · Sebas Fernández

Constructoras de civismo lleva cultura y artes escénicas a los barrios rurales de Zaragoza hasta octubre
Taller de infancias en Club de ciencias y artes. Foto: Verónica Caballero (BY-SA 4.0, recortada)

Aunque la agenda arrancó el 30 de agosto, Constructoras de Civismo sigue desplegándose en los barrios rurales de Zaragoza con una programación pensada para compartir cultura, conversación y espacio común. El ciclo se extiende hasta el 4 de octubre de 2026 y reúne 18 actividades gratuitas en diez enclaves distintos, con propuestas para todos los públicos y con un equilibrio muy claro entre teatro, circo, títeres, música, exposiciones y acciones comunitarias.

La idea que sostiene el programa es sencilla y ambiciosa a la vez: acercar las artes escénicas a los barrios rurales y hacerlo desde los valores de la convivencia, la solidaridad, el respeto y la cultura de paz. No se trata solo de llenar una tarde de ocio, sino de activar encuentros que conecten a vecinos de distintas edades y trayectorias. ¿Qué mejor forma de hablar de ciudadanía que reunir a varias generaciones alrededor de una función, una muestra o una exposición?

Un programa que nace del compromiso con la convivencia

Constructoras de Civismo se presenta como una iniciativa ligada al Día Internacional de la Paz, que se conmemora el 21 de septiembre, y también como una continuación de la trayectoria de Zaragoza como ciudad comprometida con la cultura de paz. La ciudad fue reconocida por la UNESCO en 1999 como «Sitio emblemático de la cultura de paz», una distinción que ayuda a entender el sentido de este ciclo: no es una programación aislada, sino una forma de poner la cultura al servicio de la participación y del aprendizaje compartido.

En esta edición, el Servicio de Centros Cívicos refuerza esa línea con una propuesta que recorre barrios rurales y centros cívicos de la capital provincial. El programa se apoya en una idea muy concreta: la cultura no solo entretiene, también construye vínculos. De ahí que muchas de las citas estén pensadas para el encuentro intergeneracional, para la mezcla de públicos y para una relación más cercana entre artistas y vecinos.

La programación combina lenguajes muy distintos, desde el teatro de pequeño formato hasta el circo contemporáneo, pasando por títeres, música en directo y exposiciones que permanecen abiertas varias semanas. Esa variedad no es un adorno, sino una manera de llegar a públicos distintos sin perder el hilo conductor: la convivencia como práctica cotidiana.

Las citas que quedan por delante en septiembre y octubre

Quien quiera seguir el recorrido del ciclo todavía tiene por delante varias fechas marcadas en el calendario. La primera de ellas es el 4 de septiembre, con Migrantes, de Títeres de la Tía Elena, en el Salón Parroquial de San Juan de Mozarrifar. Un día después, el 6 de septiembre, será el turno de TrasHumante(s), de Sweet Chilli Circus Company, en la Plaza de la Iglesia de San Gregorio. Son dos propuestas muy distintas, pero ambas apuntan a una misma dirección: contar historias desde la cercanía y abrir espacios de encuentro en pleno barrio.

A partir de ahí, septiembre concentra buena parte del programa. El día 8 arranca la exposición Dibujos por Sonrisas en el Centro Cívico La Cartuja Baja, donde permanecerá hasta el 6 de octubre. Ese mismo 8 de septiembre se representa Un día feliz, de Teatro Che y Moche, en el Pabellón Sociocultural de Movera. La función volverá a aparecer en más fechas de la agenda, convirtiéndose en uno de los ejes de este recorrido por los barrios rurales.

El 12 de septiembre la actividad se reparte entre dos espacios y dos lenguajes. Por un lado, Un día feliz se verá en el Pabellón Multiusos de Montañana. Por otro, el Centro Cívico Peñaflor acoge la exposición fotográfica Maribel Poc. Fiestas del 77, que permanecerá abierta hasta el 14 de octubre. Esa combinación de función y muestra permite que la programación no se limite al instante de la representación, sino que se prolongue durante días y favorezca visitas más pausadas.

Música, circo y teatro para mover el calendario del mes

El 15 de septiembre, el Centro Cívico Antonio Beltrán Martínez de Garrapinillos abre la muestra Cuarenta años de estudios de paz, de Pablo C. Lahoz y SEIPAZ, que se podrá visitar hasta el 15 de octubre. La fecha del 19 de septiembre queda reservada para Flamenco con Andrea de Miguel, en el Pabellón Sociocultural de Peñaflor, una cita que añade otra textura a la programación y que subraya la variedad de estilos presentes en el ciclo.

Dos días después, el 20 de septiembre, la programación se mueve entre La Cartuja Baja y San Gregorio. En el Centro Cívico La Cartuja Baja se presenta Slava, de la Orquesta de las Esquinas, mientras que en la Plaza de la Iglesia de San Gregorio se representa Muga, de Cachito Show. Son dos propuestas con enfoques diferentes, pero comparten la voluntad de sacar la cultura a la calle o llevarla a equipamientos de barrio con vocación abierta.

En esa misma lógica de circulación entre sedes, el 25 de septiembre comienza en el Centro Cívico Juslibol el proyecto Marea Plateada: Jóvenes y mayores por la convivencia pacífica, que seguirá hasta el 23 de octubre. La programación se adentra así en una línea más comunitaria, donde el objetivo no es solo asistir a una función, sino pensar la convivencia desde el diálogo entre generaciones. ¿No es ahí donde la cultura se vuelve más útil, cuando ayuda a mirarse de otro modo?

Peñaflor, Juslibol y Casetas, tres paradas con mucho peso

El 26 de septiembre, el Pabellón Sociocultural de Peñaflor acogerá de nuevo Un día feliz, una obra que aparece varias veces en la agenda y que se convierte en una de las piezas recurrentes del programa. Al día siguiente, el 27 de septiembre, el Centro Cívico Juslibol recibirá Parias, de Javier Aranda, mientras que el Centro Cívico Joaquín Carbonell de Casetas programará otra función de Un día feliz. La coexistencia de estas citas en distintos barrios permite que el ciclo no se concentre en un único punto y que su alcance se reparta con claridad por la capital provincial.

Peñaflor volverá a cobrar protagonismo el 3 de octubre con La Dignidad, de Gato Negro y PAI, en el Pabellón Sociocultural. Y un día después, el 4 de octubre, el calendario se cerrará con dos nuevas propuestas: Muga, de Cachito Show, en el Centro Cívico Juslibol, e Isla, de Cía DClick, en la Plaza de España de Garrapinillos. La recta final deja una imagen muy reconocible del programa: varias disciplinas, distintos formatos y una misma voluntad de activar la vida cultural de los barrios rurales.

Esa distribución por sedes tiene además un valor práctico para quien vive en la provincia y se mueve entre barrios de la capital. El programa no exige desplazamientos largos ni concentra todas las actividades en un solo recinto. Se reparte por Montañana, Monzalbarba, Movera, San Gregorio, San Juan de Mozarrifar, Casetas, Garrapinillos, Juslibol, La Cartuja Baja y Peñaflor, lo que facilita elegir la cita más cercana o la que mejor encaje con cada agenda.

Exposiciones que se quedan más tiempo y amplían la experiencia

Junto a las funciones puntuales, el ciclo incluye varias exposiciones que prolongan su presencia durante semanas y ofrecen otra manera de entrar en la programación. Dibujos por Sonrisas, en La Cartuja Baja, se podrá visitar del 8 de septiembre al 6 de octubre. Maribel Poc. Fiestas del 77, en Peñaflor, permanecerá abierta del 12 de septiembre al 14 de octubre. Y Cuarenta años de estudios de paz, en Garrapinillos, ocupará el Centro Cívico Antonio Beltrán Martínez del 15 de septiembre al 15 de octubre.

Ese formato expuesto a lo largo de varios días permite algo que las artes escénicas a menudo no dejan: volver, mirar con calma, compartir la visita con otra persona o regresar en otro momento. En una programación que habla de paz, diálogo y cohesión social, esa temporalidad más abierta también cuenta. Las exposiciones funcionan como una capa adicional del proyecto, una forma de dejar huella más allá del aplauso o de la función de una tarde.

La convivencia entre piezas escénicas y muestras expositivas da al ciclo una identidad muy concreta. No todo pasa en un único instante ni todo depende de una sola disciplina. Hay citas de paso rápido y otras que se pueden ir visitando con más pausa. Esa mezcla ayuda a que el programa no se agote en el día de la función y a que cada barrio tenga su propio ritmo dentro del calendario general.

Cómo seguir la programación y organizar la visita

El programa completo, con sus fechas y sedes, está recogido en la web del Ayuntamiento de Zaragoza, donde también se detallan las condiciones de acceso de cada cita. La mayoría de las actividades son de entrada libre y algunas requieren invitación, así que conviene revisar la información oficial antes de acercarse a cada propuesta.

Para quien vive en la provincia de Zaragoza, el interés de este ciclo está también en su escala. No plantea una gran concentración de públicos en un único punto, sino una red de pequeñas citas repartidas por barrios que normalmente no ocupan el centro del foco cultural. Esa descentralización cambia la forma de participar: acerca la cultura a la puerta de casa y convierte la asistencia en algo más cotidiano, más cercano y menos ceremonial.

El calendario se prolonga hasta el 4 de octubre y todavía reserva varios hitos muy distintos entre sí, desde el teatro a la música, desde el circo a la exposición. A esa variedad se suma un rasgo que da sentido al conjunto: la apuesta por barrios rurales que también forman parte de la ciudad y que encuentran en esta programación una manera de verse reconocidos. Cuando la cultura se mueve de un barrio a otro con esa naturalidad, la ciudad gana algo más que una agenda apretada; gana conversación, memoria compartida y una idea más amplia de lo que significa convivir.

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