El día grande del 8 de septiembre y el peso del Rosario de Cristal
Si hay una fecha que concentra la emoción de estas fiestas, esa es el 8 de septiembre. La jornada arranca con la solemne Eucaristía de la mañana y continúa por la tarde con el Rosario de Cristal, una de las manifestaciones populares marianas más reconocibles de Calatayud. Su origen se remonta al siglo XIX y sigue reuniendo a cientos de faroles distribuidos en los misterios Dolorosos, Gozosos y Gloriosos, a los que se incorporaron después los Luminosos, impulsados por el papa Juan Pablo II.
El Rosario no es solo una procesión. Es una pieza de identidad colectiva, una forma de ver la ciudad caminar a un mismo ritmo y una de las imágenes más singulares de estas fechas. Participan cofradías, hermandades y distintas advocaciones marianas de Calatayud y su comarca, con personas ataviadas con el traje típico aragonés. La calle se convierte entonces en un espacio de recogimiento y representación popular al mismo tiempo, algo que explica por qué esta jornada sigue marcando el calendario local con tanta fuerza.
Para quien vive en la provincia de Zaragoza, el 8 de septiembre en Calatayud ofrece además un interés claro: no es una fiesta más de verano, sino un día grande con contenido propio, de esos que permiten ver cómo una ciudad se reconoce a sí misma. La combinación de ceremonia, luz, música y paseo procesional le da un tono muy particular, más cercano a la celebración compartida que a un simple programa de actos.
Los festejos taurinos, pieza central de la programación
Junto al componente religioso, los festejos taurinos siguen ocupando un lugar decisivo dentro de la semana grande. El Ayuntamiento ha sacado a licitación la organización de un festejo para la tarde del domingo 6 de septiembre, con un contrato de servicios valorado en 128.016,53 euros sin impuestos y 154.900 euros con IVA. Las empresas interesadas pueden presentar sus propuestas hasta el 18 de junio a las 10.00 horas, según el pliego publicado en la plataforma de contratación municipal.
La adjudicataria asumirá la coordinación general del espectáculo, la contratación de los profesionales taurinos, la gestión del ganado, los servicios auxiliares y las medidas de seguridad y logística exigidas por la normativa vigente. En otras palabras, la ciudad deja en manos de una empresa especializada la parte más técnica de una tarde que forma parte de la tradición festiva bilbilitana y que suele concentrar una atención considerable dentro del programa.
En estas fiestas, la presencia taurina no aparece como un añadido aislado, sino como una de las columnas del ambiente de septiembre. La propia web municipal recuerda además que, para los festejos taurinos de San Roque, está previsto ceder el coso a la Federación de Interpeñas para que sea esta entidad la que contrate los festejos, siguiendo la solicitud de la propia federación y las recomendaciones técnicas. Esa línea confirma la importancia que estas celebraciones tienen en la organización social de las fiestas de Calatayud.
Tradición, calle y vida popular en la primera semana de septiembre
Más allá de los actos centrales, las fiestas de la Virgen de la Peña se reconocen por su capacidad para llenar la ciudad de actividad durante la primera semana de septiembre. La web turística municipal habla de pasacalles con Gigantes y Cabezudos, actuaciones musicales, actos culturales, propuestas deportivas y espacios de ocio, todo ello acompañado por la dimensión religiosa que da sentido al conjunto. Es una mezcla muy propia de las fiestas mayores de una ciudad con mucha memoria festiva.
También permanece el eco de las antiguas ferias de ganado, agrícolas y de otros géneros, que explican por qué septiembre ha sido históricamente un mes tan ligado al intercambio y al encuentro en Calatayud. Hoy ese legado se reconoce en la Feria de los Ajos, uno de los elementos que ha sobrevivido al paso del tiempo y que conecta la fiesta actual con un calendario mucho más antiguo. No es un detalle menor: ayuda a entender por qué estas celebraciones tienen una personalidad tan marcada y por qué no se parecen a ninguna otra de la provincia.
A quien se acerque desde cualquier punto de Zaragoza provincia le interesa precisamente esa mezcla. No hace falta vivir la fiesta de forma completa para percibir su alcance: basta con asomarse a la ciudad en esas fechas para notar cómo la tradición religiosa, la calle y la vida social se encadenan sin perder su propio orden. Y ahí reside parte de su atractivo, en esa capacidad de seguir siendo una fiesta de comunidad antes que un simple programa de actos.
Cómo se organiza la cita y qué conviene tener en cuenta
La programación de 2026 llega con fechas cerradas y con una organización adelantada que permite planificar con margen. El tramo principal de las fiestas se concentra del 4 al 8 de septiembre, con el día 6 reservado para el festejo taurino licitado por el Ayuntamiento y el día 8 como jornada culminante. Esa secuencia ordena muy bien la semana y ayuda a entender que la fiesta no se sostiene en un único acto, sino en una progresión que va ganando intensidad hasta el día grande.
Si se quiere seguir la información oficial de la programación y de las condiciones del festejo taurino, la referencia municipal es la más útil. La información del contrato, el plazo de presentación de ofertas y el detalle de las obligaciones de la adjudicataria están publicados en la web del Ayuntamiento de Calatayud, donde también puede consultarse el anuncio sobre la organización de los festejos taurinos para la Virgen de la Peña.
En una provincia con tanta actividad cultural dispersa a lo largo del año, estas fiestas sobresalen por algo muy concreto: su capacidad para unir una devoción antigua con una celebración urbana muy reconocible. Calatayud no solo honra a su patrona, también muestra en septiembre una forma muy suya de entender la fiesta, con memoria, calle y un calendario que sigue marcando el pulso de la ciudad.